En el marco de las Jornadas de Derechos Culturales y Economía Creativa para el Desarrollo Sostenible celebradas en el CCCB de Barcelona, abordó un desafío central para la región: cómo construir perspectivas más sostenibles a través de la cultura y la economía creativa, en un contexto marcado por la desigualdad, el cambio climático y el impacto de la inteligencia artificial.
El debate giró en torno a una pregunta clave: ¿cómo activar y articular los territorios en favor de la cultura y la sostenibilidad?. Las respuestas apuntaron a la necesidad de fomentar la participación ciudadana, valorar la diversidad y adaptar las herramientas a las particularidades de cada territorio.
República Dominicana: descentralización y memoria viva
Alice Baroni Bethancourt, viceministra de Industrias Culturales del Ministerio de Cultura de República Dominicana, subrayó la importancia de reconocer no solo los espacios físicos, sino también los tejidos de la memoria que activan resiliencia comunitaria. La sostenibilidad, señaló, debe ser un eje central de las políticas culturales, concebidas desde tradiciones ancestrales y locales, y no desde un enfoque centralista.
Destacó la apuesta por plataformas de participación ciudadana horizontales como motores de bienestar social y apoyo al emprendimiento local. Su ministerio visita los territorios para adaptar las políticas a sus necesidades, con un Plan Frontera a 10 años, que incluye acciones en música, videojuegos, artesanía y formación digital.
Entre los proyectos presentados, resaltó Calle Cultura, que vincula artistas locales, ferias, artesanos y músicos. También se mencionó el trabajo con el coco y las tejedoras de guano, ejemplos de cómo los saberes tradicionales pueden alcanzar proyección internacional si se protege la identidad de los creadores. Baroni alertó, sin embargo, sobre la falta de continuidad de proyectos tras los cambios de gobierno.
España: patrimonio y desarrollo territorial
Desde España, César Abella, coordinador institucional de RUTEALC, señaló que hoy existe consenso internacional sobre la relevancia de la cultura como motor de desarrollo, con documentos y marcos institucionales que respaldan su articulación.
Santiago Sierra, subdirector de Relaciones Culturales y Científicas y Promoción Cultural de AECID (España) profundizó en cómo la cultura puede mejorar la vida de las personas e incidir en los territorios, situando al patrimonio cultural como un elemento clave. A través del programa Patrimonio para el Desarrollo, que trabaja en toda Iberoamérica, destacó la importancia de preservar tanto el patrimonio material como el inmaterial, ya que ambos están profundamente ligados y vertebran la vida de las comunidades.
Para Sierra, el objetivo es construir entornos humanos, seguros y resilientes, poniendo en el centro a las poblaciones y evitando la disociación entre lo material y lo simbólico.
Redes transnacionales y educación patrimonial
Por su parte, Sergio Ortega Muñoz, jefe de Servicio de Protección del Patrimonio Histórico y Programas Europeos del Ministerio de Cultura de España, defendió la creación de redes transnacionales con una gobernanza clara, basadas en territorios de herencia compartida. Estas redes no necesariamente deben responder a rutas físicas, como el Camino de Santiago, sino también a procesos sociales y culturales comunes.
Ortega identificó cinco campos de acción prioritarios: investigación, patrimonio, educación, arte contemporáneo y turismo sostenible. Asimismo, resaltó el valor de la diversidad cultural y el sentido de pertenencia, elementos fundamentales para potenciar la pluralidad en proyectos culturales en Iberoamérica. “Todo empieza por la educación”, afirmó, insistiendo en la necesidad de una formación tanto patrimonial como medioambiental.
Las intervenciones del panel coincidieron en que la cultura tiene la capacidad de activar territorios y articular comunidades, siempre que las políticas se adapten a las particularidades locales y se fortalezcan con estrategias de participación y continuidad.
El patrimonio, los saberes ancestrales, la educación y la innovación tecnológica fueron señalados como herramientas indispensables para enfrentar los retos globales —desde la desigualdad hasta la crisis climática—, consolidando la idea de que el futuro sostenible de Iberoamérica pasa necesariamente por sus territorios y por la acción cultural que los dinamiza.