Juan Tomás Ávila Laurel: “Escribir es una forma de resistencia frente a la opresión y la censura”

Juan Tomás Ávila Laurel: “Escribir es una forma de resistencia frente a la opresión y la censura”

“La literatura es el medio a través del cual se transmiten los conocimientos. Los escritores, pueden anticipar y comprender lo que puede ocurrir, incluso sin haberlo vivido previamente”. Con esta frase el escritor ecuatoguineano, Juan Tomás Ávila Laurel deja claro que la literatura es mucho más que usar las palabras para dominar el lenguaje. 

Enfermero de profesión, Juan Tomás es autor de más de quince libros, con premios en certámenes nacionales e internacionales, que abordan la realidad social y política de Guinea Ecuatorial. Nació y creció en un país sin librerías que es literalmente el título de su documental de Filmin y sin embargo hoy es el escritor guineano más traducido.

Escribir desde Guinea Ecuatorial

¿Cómo se forja la vocación literaria en un contexto donde prácticamente no existían libros?

Bueno, esta era una discusión que debería haberse planteado cuando se inició la colonización en Guinea, porque se partía de la idea de que los guineanos, o las personas que encontraron en el territorio que pasó a formar parte de Guinea Ecuatorial, eran incapaces de realizar trabajos intelectuales.

Cuando respondo a preguntas similares, suelo decir que un escritor nace escritor, pero no nace con libros. Eso significa que es necesario que en su entorno existan elementos que le permitan conocer la lengua y adquirir otros conocimientos para desarrollar, o sacar a flote, lo que lleva dentro.

En mi caso, puedo decir que aproveché al máximo lo poco que había, porque empecé a estudiar lo que se llamaba educación primaria cuando en Guinea Ecuatorial no se daba mucha importancia al saber.

Por eso suelo decir que, si hoy en día soy escritor, es casi un milagro.

Escribir contra el olvido

Desde obras como Cuando a Guinea se iba por mar, hasta títulos como Dientes blancos piel negra o Red Burdel tu literatura ha retratado con fuerza tanto la herencia colonial como las complejidades del presente africano. ¿Hay algúno de tus libros que te haya marcado de manera especial a nivel personal o profesional, que sientas que te ha cambiado la vida o que ha tenido un impacto profundo en otras personas? 

Respondiendo más directamente a la pregunta, hay un libro que tuvo una circulación destacable, aunque no siempre sepamos cuál ha sido su alcance exacto. Se trata de Arde en el monte de noche, que fue traducido al inglés y al francés.

Tengo que decir que Arde en el monte de noche lo escribí viviendo en Guinea Ecuatorial, en una época en la que aún no tenía ordenador propio. Lo escribí en uno casi regalado, de esos que se desechan en la universidad y que alguien me hizo llegar. El libro se editó cuando yo todavía vivía en Guinea Ecuatorial, lo cual ya suponía un reto considerable, porque no siempre ha habido interés por la producción literaria de los guineanos.

Vivir en Guinea y conseguir que te publiquen en España es, para mí, un logro importante. Años más tarde, el libro fue traducido al inglés, y recuerdo que una amiga mía que vive en Londres me felicitó porque pudo entrar en una librería conocida y céntrica y encontrar ejemplares visibles, no solo disponibles bajo pedido. Había libros físicamente en las estanterías.

La versión inglesa fue finalista de un premio que se concede en Inglaterra a libros traducidos, y compartir esa final con una escritora alemana reconocida indica que el libro tenía, por sí mismo, cierta calidad. Una calidad que no supieron ver en España, donde el libro se editó y pasó, como se suele decir, sin pena ni gloria.

Bastante tiempo después supe que el libro había sido elegido libro del mes por The New York Times, que no es cualquier medio. Algo así podría haber ocurrido también en España, el país donde se publicó, con una reseña o una atención crítica similar. Cuando ese reconocimiento llega desde fuera, uno entiende mejor cómo y por qué suceden estas cosas.

Así que, al responder sobre un libro que haya marcado un recorrido especial, no diría que me marcó personalmente, pero sí es un libro cuyo trayecto merece ser señalado.

De la memoria colonial al afrofuturismo

Panga Rilene, obra que se incluye dentro del género del afrofuturismo, imaginas un mundo postapocalíptico de ciencia ficción en el que las fuerzas del mal han tomado el control y la población negra vuelve a ser la marginada: ¿por qué incluso en un mundo inventado te resulta inevitable reproducir esa desigualdad?

Bueno, suele decirse que para tener dinero hay que tener dinero, y que quienes lo tienen son los que deciden qué es lo que hay que hacer. Los que hoy poseen el dinero y han querido reconducir los asuntos para que sirva a determinados fines no son, precisamente, los africanos.

Aunque en algunos países africanos haya muchos recursos e incluso dinero líquido, no se dan las condiciones para que sean ellos quienes controlen el mundo. La acumulación de dinero, el nivel de consumo y la producción de cualquier tipo conducen, de manera casi inevitable, a algún tipo de degradación.

Al final, sobrevive quien ha logrado retener los recursos. En ese escenario de degradación, quienes tendrán la voz para decidir qué queda del mundo serán los de siempre, los que han mandado históricamente. De forma inevitable, los negros ocuparán un lugar subalterno, porque no dispusieron de los recursos necesarios para afianzarse en una realidad en la que impera la violencia, y además han sido víctimas de esa misma violencia.

A veces se cree que un autor escribe un libro después de haber hecho un análisis previo, pero en mi caso es al revés. Al escribir y luego leer el libro, uno se da cuenta de que eso es lo que va a ocurrir. Muchos autores no perciben la literatura como algo que nace de ellos hacia los demás, sino al contrario.

Desde lo que podríamos llamar la providencia, o desde donde sea que se generan las ideas, estas llegan al autor. Una vez escrito el texto, el propio autor comprende que se trata de una advertencia, de una forma de señalar lo que puede ser el futuro inmediato o a largo plazo.

Eso es lo que ocurrió con Panga Rilene: al leerlo, se hace evidente que el futuro de la humanidad, tras un proceso de degradación, mostrará un panorama en el que quienes no han tenido recursos, o solo han tenido algunos, quedarán sometidos a quienes sí los han tenido.

"Panga Rilene" de Juan Tomás Ávila Laurel

La literatura como resistencia en Guinea Ecuatorial

En el documental “El escritor de un país sin librerías” de Marc Serena, se habla de la escasez de espacios para consumir cultura en Malabo y en Guinea Ecuatorial, de cómo existe un deseo real de acceder a ella, pero también de un sistema de opresión donde el miedo silencia, la libertad de expresión es limitada y el activismo se castiga incluso con la cárcel. Cito una frase que se dicen “necesitamos la cultura para contar nuestra propia historia como guineanos porque sino nadie lo hará por nosotros” Teniendo en cuenta todo esto, ¿cómo definirías tú lo que es la literatura para ti y el uso que haces de ella: escribir es, en tu caso, una forma de resistencia?

Yo diría que la literatura es el sistema a través del cual se propagan los conocimientos. Es cierto que no sirve para construir casas ni para salvar vidas de forma directa, pero desde textos antiguos como la Biblia se afirma que “al principio fue el verbo”, una idea que expresa que las cosas se hacen con palabras. Las historias, las batallas y la realidad misma se construyen a partir de ellas.

Los escritores trabajan con palabras y, por eso, son capaces de anticipar lo que puede ocurrir, de tener una cierta previsión o certeza sobre el futuro, sin necesidad de haberlo vivido previamente. Esto sucede porque todas las historias circulan a través de las palabras. En ese sentido, los escritores son, de alguna manera, los guardianes de las palabras y, muchas veces sin proponérselo, acaban intuyendo el porvenir.

La literatura recoge aquello que ya existe y permite que el ser humano se mire constantemente en el espejo de lo que es, aunque ese proceso no sea consciente ni controlado. En cualquier época, también en la nuestra, pueden producirse hechos dirigidos u orquestados, por ejemplo en la política, o conflictos como que un país ataque a otro. El papel de la literatura es recoger todo eso y devolverlo como un reflejo a la humanidad.

No se trata de introducir una cuestión religiosa, pero la idea de que “al principio fue el verbo” subraya que para hacer cualquier cosa es necesario nombrarla con palabras, porque solo así puede transmitirse a las generaciones futuras.

Por eso, la centralidad de la literatura reside en su capacidad para advertir a la humanidad sobre derivas que no son adecuadas ni para el género humano ni para la comunidad. Un escritor puede partir de lo que ya es visible a nivel social, pero también puede escribir ficción, algo inventado, que sin embargo no esté tan alejado de la realidad que se manifestará años después.

Entrevista a Juan Tomás Ávila Laurel

Tus obras literarias funcionan como una herramienta de denuncia, de resistencia y de transformación social, tanto en África como en Europa y has escrito narrativa, ensayo, teatro, poesía… ¿Qué te impulsa a moverte entre géneros tan distintos?

Solo puedo decir que me debo a las musas y que, en realidad, son ellas las que deciden qué temas debo tratar. Yo puedo responder a esa pregunta, pero lo que escribo no siempre depende de una decisión plenamente consciente.

Siempre he dicho que un escritor nace, pero para que ese hecho se materialice y llegue a ser un escritor real, es necesario pasar por etapas de formación que permitan conocer la lengua y aprender a usar adecuadamente las palabras. Mi insistencia en el conocimiento del lenguaje es lo que me da la capacidad de abordar géneros distintos.

Al margen de esto, lo que un escritor decide escribir o publicar no siempre es voluntario; incluso diría que no lo es. El dominio de la lengua, junto con las distintas miradas sobre la realidad, genera la necesidad de recurrir a géneros diversos para abordar esa realidad.

El objetivo puede ser impresionar, aleccionar o estimular a comunidades diferentes, teniendo en cuenta que no todos compartimos los mismos intereses. Cuantos más intereses de una comunidad se logren tocar, mayor será la capacidad de influir o de hacer que esa comunidad se fije en una realidad determinada.

Por eso me parece muy necesario que existan el teatro, la escritura y todas las formas de creación: al final, todo es conocimiento.

Recepción internacional de un autor ecuatoguineano

Cito una frase que dices en el documental: “nunca diré que en Guinea Ecuatorial hay paz”, en referencia a la falta de libertad de expresión. En ese contexto llevaste a cabo una huelga de hambre como acto de protesta contra el régimen de Teodoro Obiang, en un país donde incluso la propaganda oficial proclama al presidente como “el único y mejor”. En 2011, tras esa acción y por tu oposición política, te viste obligado a abandonar Guinea Ecuatorial y marcharte al exilio. ¿Cómo viviste ese momento marcado por el miedo, la incertidumbre y la decisión de dejar tu país?

En realidad, hacer una huelga de hambre no es algo tan difícil desde el punto de vista físico. Como no comes, el hambre deja de sentirse de una manera concreta, y el ser humano está preparado para resistir hasta ciertos límites. Se puede aguantar una semana sin grandes problemas.

Lo que sí noté fue todo lo que ocurría alrededor. Llegó un momento en que, estando en huelga y tratando de mantenerla, las personas que podrían haber dado testimonio de ese hecho o haber sido figuras relevantes en su relato optaron por inhibirse.

Nosotros vivíamos en Guinea Ecuatorial y durante años creímos que las embajadas de ciertos países estaban interesadas en la democratización del país, en que ese proceso supusiera el fin de la represión y la llegada de mayores libertades. Sabíamos, por ejemplo, que el Departamento de Estado de Estados Unidos elaboraba informes periódicos sobre el estado de la democracia en distintos países, entre ellos Guinea Ecuatorial.

Sin embargo, cuando inicié la huelga y entré en contacto con diplomáticos, en concreto con representantes de Estados Unidos, o cuando el embajador de España tuvo conocimiento de que yo estaba en huelga, su reacción fue de mayor miedo que la mía. Quisieron inhibirse y evitar cualquier vinculación con lo que estaba ocurriendo.

Fue entonces cuando comprendí que su interés por la democracia y los derechos humanos no era tan real como parecía. También entendí que, si me pasaba algo más grave, más allá de la huelga, no habría una reacción: se inhibirían igualmente y todo habría servido de poco.

Yo estaba en tránsito, en un lugar donde creía estar a salvo de una amenaza física directa por parte del régimen. Me alojaba en una casa que el embajador entendía como bajo la tutela de la embajada de España, pero cuando decidió que yo no debía estar allí, tuve que regresar a mi casa. Salí de ese lugar porque estaba apartado del centro y de la mirada de la comunidad, y estando en huelga eso suponía un riesgo: si ocurría algo, nadie podría contarlo.

Juan Tomás Ávila Laurel

En el trayecto de regreso tomé conciencia de que, pasara lo que pasara conmigo, nadie lo contaría. Fue entonces cuando decidí salir de Guinea Ecuatorial y viajar a Ecuador. Yo había iniciado la huelga con la idea de que sirviera como espejo para los guineanos, para que pudieran secundarla de alguna manera, pero al salir del país esa posibilidad se perdió. En Ecuador estuve solo unos días y di por terminada la huelga.

No puedo decir que tuviera miedo de forma expresa ni que pasara grandes penalidades físicas. Lo que se rompió fue el sentido de la huelga, que debía ser acogida por la población de alguna manera. Es cierto que la radio y la televisión de Guinea no informaron sobre ella, como suele ocurrir con cualquier hecho que pueda tener repercusión. Y aunque algunas personas supieron lo que estaba pasando, no la secundaron, ni siquiera en gestos mínimos.

Entre esa falta de apoyo y la actitud de los diplomáticos, decidí primero salir del país y después abandonar la huelga. No fue porque sintiera un peligro distinto: el peligro ya existía con la huelga en sí. Si hubiera habido algún tipo de apoyo, aunque otros no tomaran la misma decisión que yo, la huelga habría continuado hasta donde fuera necesario. Pero eso no ocurrió.

Se echó en falta apoyo desde muchos ámbitos. No del gobierno, evidentemente, pero sí de otros espacios. En el camino a casa pasaba por un colegio donde conocía a algunos profesores. Durante esos días yo estaba dando entrevistas a medios extranjeros, hablando con periodistas de fuera, y algunos de esos profesores debían saber lo que estaba ocurriendo. Bastaba con que uno solo hubiera suspendido las clases para que cien niños supieran qué estaba pasando.

La crisis política y la falta de oposición en Guinea Ecuatorial

Después de tantos años fuera de Guinea y mirando tu trayectoria desde la distancia del tiempo, ¿cómo se transforma la relación con tu país de origen?

A partir de 2014, voy a Guinea todos los años. No soy una persona que desconozca la realidad de Guinea Ecuatorial. Creo que las cosas no van bien porque no ha habido una respuesta ante el hecho de que la siguiente generación de la dictadura asumiera el control del país. Y ya lo está haciendo. Además, hay una notable pasividad por parte de la población. Eso no debería ocurrir, aunque efectivamente la población carezca de recursos, pero sí tiene la capacidad de oponerse a la perpetuación del régimen actual. Sin embargo, no lo está haciendo.

Hoy en día no existe una oposición política que pueda constituir una alternativa real. Sé que, por un lado, en la mañana se puede crear un partido y elegir dentro de la comunidad a personas que ocupen responsabilidades civiles y públicas, pero debería existir un verdadero interés en que las cosas se hagan de una manera que permita construir instituciones que contribuyan al cambio. Actualmente, eso no existe. En el pasado sí hubo partidos, pero debemos recordar que es un país dictatorial, y eso impedía el desarrollo normal de esos partidos.

Debería existir lo que yo llamo una “resistencia residual”, que permita creer que en algún momento eso podría resurgir y oponerse al siguiente paso generacional de la dictadura. Pero no lo estoy viendo. Hay muchas personas que creen que puede suceder algo inesperado, algo que nadie pensaba que podría ocurrir. Sin embargo, los sucesos inesperados en la vida son fenómenos naturales, como un granizo o una tormenta, pero no algo que tenga que ver con las dinámicas humanas. Por ejemplo, si hoy Cataluña se separara de España, no sería un fenómeno inesperado; sería el resultado de un proceso que alguien ha estado trabajando hasta que ocurra.

Por eso me preocupa que en Guinea Ecuatorial no haya, o al menos no conozcamos, dónde se está gestando aquello que permitiría que ocurriera lo que todos esperamos: la interrupción de la continuidad de la dictadura.

Ávila Laurel: "África no debería seguir el modelo capitalista"

África está viviendo una transformación demográfica, económica y cultural sin precedentes. Se habla cada vez más de un continente joven, creativo y lleno de potencial, pero también de estructuras de poder que no terminan de cambiar. ¿Qué potenciales a nivel económico o cultural crees que emergen y que te gustaría que el mundo entendiera sobre el continente africano actual? 

En mi opinión, el pensamiento africano debería centrarse en un equilibrio ordenado y lógico, que busque garantizar la supervivencia humana, pero también legar un mundo habitable a las generaciones futuras. No debería seguir el modelo capitalista, que margina comunidades cuando considera que no son “útiles”, pese a que existe tierra suficiente para todos. Sería un pensamiento que enseñe a vivir mejor con los recursos disponibles, respetando la naturaleza y la comunidad.

Proyectos de Futuro

Yo siempre escribo y tengo obras inéditas, pero hace algunos años descubrí que hay editoriales que prefieren editar libros extensos, de muchas páginas. Como hasta ahora no había escrito libros largos, decidí emprender un proyecto de largo plazo.

Actualmente, he comenzado a escribir un libro de unas 500 páginas. Es un proyecto ambicioso, impulsado principalmente por la inspiración.

Escribir un libro tan largo es un desafío, porque requiere mantenerse inspirado durante mucho tiempo. Puede que no alcance mi objetivo, pero estoy en ello. 

Sé por experiencia que un libro puede estar terminado y seguir siendo inédito, no por falta de calidad, sino porque el acceso a las editoriales no siempre es fácil, incluso para quienes ya tienen cierto reconocimiento.

AFRX