Remei Sipi: “Crear literatura africana en Europa es demostrar que somos humanos, diversos y protagonistas”

Remei Sipi: “Crear literatura africana en Europa es demostrar que somos humanos, diversos y protagonistas”

Remei Sipi Mayo es escritora, editora y activista, especializada en inmigración y género, y una de las voces más influyentes en la defensa de los derechos de las mujeres, las minorías étnicas y las personas migrantes en España. Nacida en Guinea Ecuatorial, llegó a España en la década de los sesenta, en un contexto histórico marcado por profundas transformaciones sociales y políticas, que han definido su compromiso vital con la justicia social y la igualdad.

Con más de siete libros publicados, Remei ha convertido la escritura en una poderosa herramienta de activismo, desde la que visibiliza las realidades de las mujeres africanas, la diáspora y las personas racializadas. Además de su labor como autora, ha desarrollado una intensa trayectoria como editora, trabajando para que las obras de otros autores africanos no queden relegadas al silencio y encuentren su lugar en el panorama literario.

Entrevista a Remei Sipi

¿Qué te impulsó a dedicar tu vida a trabajar por los derechos de las mujeres, las minorías y las personas migrantes, y a hacerlo a través de la escritura y la edición como forma de denuncia social?

Diría que lo que me empujó es que éramos las primeras, no teníamos referentes. Ya estábamos formando familias aquí, con hijos, y yo creí que necesitábamos hablar por nosotros mismos, que esta generación que venía detrás pudiera encontrar algo hecho por nosotros. Hay mucha literatura escrita por occidentales sobre África, sobre los africanos, sobre la inmigración. Yo no digo que no sea buena, es buenísima, pero a lo mejor, si la voz es nuestra, estaría mejor.

De todas las obras que has publicado a lo largo de tu trayectoria, ¿hay alguna que consideres especialmente significativa o que haya marcado un antes y un después en tu camino como escritora?

Sí, hay dos ensayos que para mí son significativos. Inmigración y género, el caso de Guinea Ecuatorial, que lo publiqué, creo, en 2008, es un libro muy importante para mí. Hablaba de la inmigración y luego tenía amigas que eran profesoras en diferentes universidades que lo hicieron circular. Entonces yo creo que la información pasó bien.

Y luego, hace dos años, publiqué Mujeres africanas más allá del tópico de la jovialidad. También es un libro que ha tenido buen recorrido. Creo que ha servido como información sobre lo que son los feminismos africanos y la literatura escrita por mujeres africanas, ya sea en África como en Europa.

Y luego está Nuestra mal y amada segunda generación. Los hijos nuestros nacidos en Europa, donde también he hecho un capítulo para ellos. Creo que, para mí, estos son mis libros más significativos.

¿Cómo crees que dar visibilidad a las mujeres, a las migraciones y a las personas africanas puede ser beneficioso para la sociedad? ¿Qué aspectos positivos destacarías?

Es beneficioso no solamente para la sociedad receptora, sino también para nosotros mismos. Es muy importante que quienes nos reciben nos conozcan, que no sean paternalistas, que no piensen “pobrecitos, de dónde vienen”, sino que nos conozcan de verdad. Que sepamos que venimos de países empobrecidos, sí, pero que hay gente allí y que hay un día a día dinámico.

Y para nosotras también, al estar aquí, que la sociedad diga: oye, mi vecina es Remei y es una persona como yo que escribe, trabaja en justicia y que es ama de casa. Es decir, dar la fotografía de una sociedad multicultural y multiétnica.

Inmigración y género, el caso de Guinea Ecuatorial (2008)

En 1995 creaste la editorial Mey, especializada en la publicación de textos africanos, y desde entonces has escrito diferentes ensayos y realizado numerosas colaboraciones centradas en temáticas de mujeres africanas y migrantes. Teniendo en cuenta todo este recorrido, ¿cuál fue la motivación que te llevó a crear tu propia editorial?

Me levanté un día, hice la declaración de la renta y fue la única vez que me devolvieron dinero. Justo venía de un congreso con escritores negros de todo el mundo y me vino la idea de que a la gente nuestra le costaba mucho publicar. Les costaba mucho publicar. ¿Por qué? Porque el mundo editorial es una empresa. Entonces, no te van a publicar si tus textos no son bestsellers.

Pero teníamos algo que decir. Había textos muy buenos. Entonces, este primer dinero lo dediqué a crear mi pequeña editorial y a empezar a publicar libros de compañeros a los que les cuesta mucho pasar por el circuito normal de la edición.

Teniendo en cuenta el contexto actual en el mundo, donde resurgen ideologías racistas y extremismos de derecha, tanto en Estados Unidos como en Europa y España, ¿por qué crees que es tan importante visibilizar estas narrativas y qué papel crees que pueden tener frente a estas corrientes sociales y políticas?

Frente a estas corrientes sociales y políticas, nada. Porque son corrientes muy poderosas, son corrientes que mueven el mundo. Son corrientes a las que no les interesamos para nada. Por lo tanto, no podemos influir.

Aquí en España tenemos el partido político de Vox y quien lo dirige es un afrodescendiente. Entonces, lo que tenemos que ir haciendo los que estamos ahí debajo es crear una literatura o una manera de vivir y demostrarle a Garriga o a Trump que el mundo es diverso, que somos distintos, pero que todos somos humanos. Por lo tanto, dentro de cualquier sociedad lo que debe imperar son los derechos humanos.

Pero influenciarles, no. No tenemos ni la capacidad, ni el potencial económico, ni nada. Por eso no se nos ve en los medios de comunicación fuertes que hay. ¿Por qué? Porque los medios de comunicación tienen una tendencia política, una ideología social, y su principal manera de funcionar son los intereses económicos.

Remei Sipi Mayo, escritora, editora y activista, especializada en inmigración y género

Has sido una de las principales impulsoras del movimiento asociativo de mujeres africanas en Cataluña, concretamente con la asociación E’Waiso Ipola, una asociación de mujeres guineanas que lleva casi tres décadas ligada al movimiento feminista y fue premiada por el Institut Català de les Dones por sus 25 años de actividad. Sus miembros iniciales eran mujeres de perfiles diversos, desde universitarias hasta empleadas del hogar, y entre sus actividades se incluían orientación, formación y trabajo sobre la identidad.

¿Cuáles han sido algunos de sus logros más importantes y los beneficios que han aportado a la sociedad femenina afrodescendiente?

E’Waiso Ipola, en lengua bubi —que es el grupo étnico del que yo soy en Guinea Ecuatorial—, significa “mujer, levántate, dignifícate”. Nosotras, las que fundamos E’Waiso Ipola, éramos mujeres de una primera generación en Guinea, después de la independencia, formadas desde los institutos hasta las universidades. No pasamos, como era habitual en Guinea, por el proceso de salir de casa, ir a un colegio de monjas —lo que llamábamos el “colegio altar”— casarnos y ser madres. Ya teníamos la idea de feministas desde nuestro país de origen.

Cuando llegamos aquí, pensamos que estaría bien formar una asociación. Obviamente, la primera no fue E’Waiso Ipola sino una asociación mixta de mujeres y hombres como espacio de encuentro. Pero luego vimos que, aunque trabajábamos en ese espacio, siempre nos remitían a tareas secundarias. Estábamos diseñando proyectos y programas con ellos, pero no éramos protagonistas.

Así que creamos E’Waiso Ipola un espacio que ahora ya no está en su auge, porque algunas compañeras han fallecido, algunas nos hemos jubilado y nuestras hijas ya tienen otras actividades más reivindicativas, parlamentarias o feministas. Aun así, durante 30 años, E’Waiso Ipola fue una de las primeras asociaciones de mujeres, la primera relación entre las sociedades de mujeres que veníamos de fuera con el feminismo local.

Contactamos con Ca la Dona, con las chicas de Drac Màgic en temas de cine, y nos hicimos visibles en los 8 de marzo. No hacíamos el 8 de marzo como una manifestación tradicional; diseñábamos un programa o proyecto, lo presentábamos al Institut Català de les Dones, lo financiábamos y cada año íbamos a un pueblo donde sabíamos que había mujeres de otras procedencias, no necesariamente africanas, para celebrar nuestro 8 de marzo. Empezamos en Mataró, en Olot, en Rosas… fue muy importante.

También creamos una revista, E’Waiso, esto nos dio visibilidad y reforzó nuestra presencia en la sociedad, porque estábamos en el día a día y queríamos que la sociedad lo supiera. Ahora, las nuevas generaciones afrodescendientes hacen otras cosas. En cuanto a E’Waiso Ipola, no sigo al cargo de la revista ni como secretaria; hay gente más joven que ha redirigido parte de la asociación.

Las mujeres que mantenemos E’Waiso Ipola somos de mi generación. Muchas compañeras muy potentes han fallecido. Yo, por ejemplo, tengo 73 años; algunas compañeras son mayores y otras más jóvenes. Las chicas de 40 o 50 han creado otros espacios, con energías diferentes, en igualdad de condiciones con sus coetáneas locales, y me parece muy interesante observarlo y hablar de ello.

¿Cómo ves el papel de las mujeres africanas en esta nueva etapa aquí en Barcelona, o en la diáspora africana en Europa?

Lo tienen difícil, como lo tuvimos nosotros. La sociedad aún no se ha despertado para ver al otro. No nos ve, no nos incluye, por lo tanto, veo que lo tienen complicado.

Pero bueno, a luchar. Ahí está, para que luchen y, en igualdad de condiciones, a ver si logran ser incluidas. Hoy en día, si una mujer negra va a buscar un piso y compite con una blanca, se lo darán primero a la blanca.

Y en el trabajo, si no es un puesto de oposiciones donde puedes demostrar tus méritos, tampoco les es fácil en un despacho normal. Hay que esforzarse mucho para ser vistas y reconocidas.

¿Cómo crees que ha evolucionado tu mirada sobre el continente desde que llegaste a Barcelona?

Ha evolucionado muchísimo. Cuando llegué a Barcelona en 1968, era casi el inicio de las independencias. Todo el continente africano es ahora independiente, pero yo hablo de una independencia relativa, porque los gobernantes dependen mucho de Occidente.

Mi perspectiva ha cambiado mucho porque veo que los jóvenes africanos tienen ahora una mirada importante dentro del continente, aunque todavía algunos dirigen su atención al norte.

Recién estuve en Senegal, en Dakar, en unas jornadas sobre el mundo, y estaba dando una charla. El espacio estaba lleno de jóvenes universitarios de Dakar. Eso me mostró que les interesa escuchar lo que decimos las mayores.

No sé qué mensaje les daría a los jóvenes africanos que siguen mirando tanto hacia Occidente, cuando África también les ofrece oportunidades cada vez mayores. Yo no puedo darles consejos, porque vivo en Occidente, y me dirían: “¿Y usted qué hace ahí?”. Ellos tienen la oportunidad de mantener una mirada abierta. Quedarse cerrado únicamente en África tampoco es bueno. Las perspectivas occidentales o europeas tampoco son tan idílicas, porque si lo fueran, no emigrarían.

Se trata de que cada uno busque dónde puede hacer una contribución a la humanidad. Las sociedades deben entender que somos diversos, pero que podemos convivir. Y yo pongo mucho el acento en Europa: que tenga memoria histórica, que recuerde que las relaciones Europa-África fueron iniciadas por ellos, y que ahora nosotros no deberíamos ser tan mal recibidos.

Mujeres africanas: Mas allá del tópico de la jovialidad (2018)

¿Crees que se debería seguir dando más visibilidad a todo lo que pasa en África o a lo que pasó años atrás durante la colonización?

Yo creo que en el currículum escolar se debería incluir una asignatura África-América Latina, para que nuestros hijos y nietos sientan orgullo de sus antepasados. Y luego, que la sociedad receptora también se informe sobre África.

Cuando llegué aquí, yo no hablaba inglés y no encontraba ningún libro escrito por africanos. Ahora vas a diferentes librerías —Altair, Capicúa, La Ploma— y encuentras libros escritos por africanos, no solo los que han recibido un Nobel, sino también otras escritoras y escritores africanos. Esto da información.

Y veo, en los clubes de lectura a los que a veces asisto o imparto, que hay interés por parte de la sociedad receptora en temas de África y América Latina. Este contacto directo nos permite tener una relación más relajada: no somos malos, y desde los africanos tampoco hacemos la lectura de que “ustedes son todos buenos”.

Claramente hay evolución,  pero sí creo que el mensaje es que todavía hay trabajo por hacer. Y ese trabajo no es responsabilidad de un solo lado; entre todos debemos ir limando las diferencias, trabajar, conocernos y respetarnos.

Y no tener miedo. Yo ahora camino por mi barrio de Gracia sin que las madres se asusten o agarren su bolso al verme. Pero al principio, llevo aquí más de 50 años y he visto de todo.

¿Qué proyectos o qué te gustaría impulsar ahora, en este momento de tu vida?

Lo dejo todo a los jóvenes; yo, tranquilamente, me dedico a escribir y a hacer mis cuentacuentos. Recientemente estuve en Senegal dando una charla sobre las mujeres bubis, y próximamente me voy a Viena, donde cada año se organizan jornadas sobre literatura y libros escritos por guineanos, un proyecto que llevamos realizando ya diez años. Ese tipo de actividades, junto con la escritura y la difusión de cuentos africanos, es en lo que actualmente concentro mi tiempo. El “no” ya está incluido en mi vocabulario; no hago muchas cosas más.

AFRX