“Los pliegues de la cintura”, publicado por Libros del K.O, traza un mapa íntimo y crudo de Centroamérica en forma de crónicas escritas por el periodista salvadoreño Carlos Dada. Desde caseríos olvidados hasta veredas en las montañas, el autor retrata una región marcada por la violencia, la desigualdad y la fragilidad institucional, ofreciendo claves fundamentales para entender sus crisis políticas y sociales actuales.
En el marco de Centroamérica Cuenta, celebrada en Barcelona en la Llibreria Finestres, el autor explicó el origen del título de su obra. La idea proviene de una metáfora profundamente política y social. “La cintura” representa la franja centroamericana y “los pliegues” son esas zonas a las que no llega la luz, espacios olvidados por el Estado y relegados de la mirada pública. Para él, narrar desde esos pliegues es una forma de cubrir los lugares donde se pagan las consecuencias de lo que hace —y también de lo que no hace— el poder político.
“Son historias que a mí me ayudaron a entender mejor este momento. Y espero que también ayuden a otros a entenderlo.”
Explica que la región vive un momento de desmantelamiento democrático, una erosión progresiva de valores y libertades que ha calado hondo en El Salvador, su país. “La población hizo un pacto no escrito: si los que estaban en el poder quitaban las armas de las calles, entonces tendrían legitimidad para hacer cualquier cosa”, explica. En ese contexto, miles de personas fueron encarceladas de forma arbitraria —incluidos niños — bajo la lógica de que “igual se habrían convertido en pandilleros”.
Las cárceles de alta seguridad como el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), que son mostradas como símbolo de orden, son una narrativa propagandística que oculta un sistema mucho más amplio de prisiones donde se violan sistemáticamente los derechos humanos. Lugares donde, como él señala, “no cae ni un solo rayo de luz”. Lo que ocurre en esos espacios es parte de una dictadura silenciosa que ha ido erosionando las libertades y la democracia en su país. “Para cuando en un futuro todo esto termine y alguien quiera buscar explicaciones, espero que el trabajo que estamos haciendo hoy en día, como periodistas, sirva para explicar el porqué de todo esto”, afirma.
El Faro: Un Medio que ha Dejado Registro
Dada es el fundador de El Faro, fundado en 1998, este medio de comunicación surgió en el inicio de la era democrática en El Salvador, después de la guerra civil. “El Faro no pudo haber existido antes. Durante la guerra no había ninguna posibilidad para un medio independiente. Y nosotros simplemente fuimos, digamos, el primero de esa nueva generación de medios.”
Habló sobre la necesidad de reinventar el periodismo y de cómo este oficio tiene una vocación profundamente centroamericana. Explicó que contar la región como un solo territorio —más que como “paisitos fragmentados”— ha sido desde el inicio una declaración de intenciones.
El periodista subraya también que tener una plataforma es un privilegio, pero implica responsabilidad. El Faro ha documentado testimonios de torturados en cárceles salvadoreñas y ha dejado constancia de abusos estatales, aun a riesgo de ser acusado de “revictimizar”. Para él, dejar registro es fundamental para que las futuras generaciones entiendan de dónde viene su país.
Hoy, sin embargo, el medio atraviesa uno de los momentos más difíciles de su historia. La redacción está en el exilio y la libertad de pensamiento y debate público —esenciales en toda sociedad democrática— ya no existen en su país.
Una mirada desde la crónica y la memoria
Para Dada, la crónica periodística no es solo un género, sino un modo de explorar la identidad personal y colectiva. Él concibe cada relato en primera persona como una manera de entender quién es y en qué lugar habita, de rastrear las dinámicas sociales y políticas que determinan la vida cotidiana de la región.
La mirada en sus crónicas nace en un territorio concreto, “la bananera de los narcos”, en la frontera sur de México. Dada también siguió la historia de tres hombres cameruneses hallados ahogados en Oaxaca. La investigación lo llevó a reconstruir el viaje de uno de ellos desde la zona anglófona de Camerún, marcada por la represión de un régimen francófono sostenido por potencias europeas. Lo que comenzó como una historia local se convirtió en un espejo del mundo: un hombre que recorrió el planeta para acabar ahogado en una playa en México.
Otro de los relatos de Los pliegues de la cintura, reconstruye la historia de una finca en Honduras, propiedad de narcotraficantes, donde se levantó un zoológico privado con animales exóticos. Su dueño, quien confesó haber asesinado a decenas de personas, encarna la violencia estructural y el abandono institucional que atraviesan estas zonas invisibles del mapa oficial.
El periodista seleccionó varias crónicas escritas a lo largo de su carrera que, según cuenta, le han permitido comprender mejor el presente de la región.
“La idea detrás de ese libro era un poco explicar qué nos llevó al momento por el que está pasando Centroamérica. Fue una exploración muy personal por encontrar una explicación a qué nos trajo aquí.”
La búsqueda de un asesino prófugo
Dada también escribió sobre el asesinato del arzobispo Óscar Romero, perpetrado en 1980 por Escuadrones de la Muerte en San Salvador, un crimen que marcó su infancia. “Romero es probablemente el salvadoreño más universal. Yo tenía nueve años cuando lo mataron y me impactó muchísimo.”
En 2004, durante una beca en Stanford University, Dada intentó cubrir un juicio civil en California contra uno de los responsables del asesinato de Romero. “Entonces me tomó muchos años encontrarlo. Y pasé varios años entrevistándolo y tratando de confirmar las cosas que él me decía, su confesión del asesinato.”
Finalmente, logró localizarlo en condiciones muy distintas a las que imaginaba: “Tenía una foto suya y era un hombre gordo, robusto. Y cuando lo encontré era un hombre en huesos. Ese contraste me costó mucho… Aquel tipo que yo despreciaba tanto cuando lo tuve enfrente, lo que me provocaba no era desprecio, sino de alguna manera empatía, lástima, no sé qué palabra usar.”
La crónica resultante se convirtió en la más leída en la historia de El Faro, marcando un hito en su carrera.
Derechos humanos en retroceso
Dada alerta sobre un fenómeno global: la erosión del valor de los derechos humanos frente a discursos autoritarios que justifican abusos en nombre de la seguridad.
Para él, la defensa de los derechos no puede subordinarse a criterios utilitarios: “Estamos entrando en una fase en la que los derechos humanos ya no son lo más importante ni un ejercicio legítimo del poder. ¿Qué importa violarlos si se evita que vengan migrantes a nuestros países? ¿Qué importa si no afecta nuestra vida personal?”. Esta lógica, afirma, marca un descenso en la escala de valores de nuestras sociedades.
Nombrar a las víctimas es, en su visión, un acto esencial de justicia: el derecho más importante es la vida, pero la dignidad —ser reconocido como sujeto de derechos— está por encima. Restaurarla es el primer paso para construir memoria y, eventualmente, justicia.
Periodismo en tiempos oscuros
Pese a la persecución y la falta de recursos, Dada destaca la calidad y compromiso de las y los periodistas centroamericanos: “Si de algo me siento yo orgulloso es de la gente con la que trabajo. Es una gente muy comprometida. Y todo en sus vidas personales ha cambiado, pero seguimos sacando el periódico, seguimos haciendo periodismo y esto es una buena noticia.”
En su análisis, la crisis de la prensa independiente no es un fenómeno aislado, sino parte de una transformación global: “Hay cada vez menos espacio para un periodismo como el que hacemos y cada vez menos recursos.”
“No soy nada optimista. Estamos atestiguando el nacimiento de una dictadura que promete quedarse durante varios años. Algunos de estos medios que habían surgido en los años de la democracia ya cerraron.”